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Un árbol bueno no puede dar frutos malos, como tampoco un árbol malo puede producir frutos buenos.
Por lo tanto, ustedes los reconocerán por sus obras.
1 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.
2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.

jueves, octubre 13, 2016

57 ANIVERSARIO DEL MIR

57 ANIVERSARIO DEL MIR
1959 -- 12 DE OCTUBRE  2016
 
 
 
 
Walter Palacios Vinces
 
¡Cuidado!, ¡No los toquen! -gritaba Armando Villanueva- ¡Estos provocadores quieren salir de aquí como mártires! Dio una patada sobre la mesa donde se había parado. Como no lo escucharan, dio otra más y logró imponer el silencio.
 
 Villanueva dirigía los debates y trataba de calmar a los elementos de choque (búfalos) que, traídos especialmente para “guardar el orden”, nos habían rodeado tratando de arrinconarnos y agredirnos.
 
 Los apristas rebeldes protestábamos porque no se nos permitía sustentar la moción que habíamos presentado. Carlos Malpica, diputado y dirigente nuestro, en acto de defensa, logró sacar una pistola y apuntando decidido a los agresores dijo: “Al que se aproxime lo quemo”.
 
 Los ánimos pudieron calmarse un poco y la tensa sesión siguió su curso.
 
Era aproximadamente las dos de la madrugada del 12 de octubre de 1959 y ese era el momento más crítico de la sesión de la Comisión Política de la IV Convención Nacional del PAP que había empezado cinco horas antes, a las 9 de la noche, y duraría hasta las seis de la mañana. Los reunidos se congregaban en la sala principal del segundo piso de la Casa del Pueblo, local central del partido aprista en la céntrica avenida Alfonso Ugarte de Lima.
 
La IV Convención Nacional había sido convocada por el Comité Ejecutivo Nacional del PAP entre el 10 y 12 de octubre del año 59. Era el máximo organismo de representación partidaria, después del Congreso Nacional. Para su convocatoria y realización se había desplegado mucha propaganda y recursos materiales. 2,461 delegados llegados de todo el país abarrotaron la llamada Casa del Pueblo. Nunca antes un evento de esta naturaleza había congregado a tantos delegados.
 
Lo insólito era que esta máxima reunión de los apristas se realizaba por primera vez en décadas en la legalidad. No había que esconderse de la policía, llevar disfraces ni buscar para sede lugares apartados.
 
Las tres anteriores se habían efectuado en la clandestinidad cuando el Apra estaba perseguida y fuera de la ley. El Jefe del partido, Haya de la Torre, había enviado desde Italia, donde se encontraba, un largo mensaje grabado.
 
Según el diario La Tribuna, órgano oficial del Apra, Haya destacaba en su mensaje que “El objeto fundamental de la política de la Convivencia ha sido defender la democracia” Y en otra parte decía “En el decurso de más de tres decenios de acción, el aprismo ha demostrado que su poder radica en su unidad” y a continuación: “todo aquel que nos divide, enemigo es”. Más claro ni el agua. Era la consigna para tratar a los jóvenes apristas de la tendencia crítica que encabezaba Luís de la Puente Uceda. 
 
La Comisión Política, presidida por Armando Villanueva del Campo, como miembro del Comité Ejecutivo Nacional del Apra, estaba integrada por los Secretarios Generales y los Secretarios de Política de todo el país y en ella se debatía la moción que había sido redactada por Luis de la Puente Uceda (quién no podía participar en la Convención Nacional debido a que estaba sometido a disciplina por defender a los campesinos agredidos por las fuerzas represivas  en Chepén y Casa Grande) y que habíamos logrado firmar una veintena de delegados y presentada a la IV Convención.
 
La moción era un extenso documento de más de veinte páginas que analizaba la situación nacional e internacional y presentaba una crítica bien fundamentada a la dirección del partido aprista que apoyaba incondicionalmente al gobierno derechista de Manuel Prado Ugarteche, dentro de la política denominada de la Convivencia.
 
Armando Villanueva dirigía y orientaba hábilmente el desarrollo del debate. Pronunciaba largas peroratas (tomadas de la escuela hayista) y trataba de refutar nuestra moción pero tomando sólo aspectos adjetivos y formales del documento y  evitando referirse a lo sustantivo y medular del mismo.
 
El director del debate aba la palabra privilegiadamente a los delegados oficialistas que defendían a la Convivencia y cuando hablaba uno de los rebeldes, como Manuel Pita Díaz, Luís Olivera Balmaceda o Carlos Malpica, los elementos preparados para ello trataban de acallarlo con interrupciones y pifias.
 
Mientras tanto los “compañeros” influyentes, presionaban al máximo, hasta con amenazas, para que muchos retiraran sus firmas. Lograron su objetivo con algunos pocos pero la mayoría mantuvimos y ratificamos con firmeza nuestra posición.
 
Después de varias horas de “debate” y festinando todo principio democrático, llegó sorpresivamente un acuerdo de la Comisión del Buró Nacional de Sindicatos que presidía Arturo Sabroso solicitando la expulsión de todos los firmantes de la moción a quienes calificaba de divisionistas y traidores. La Comisión política acordó por mayoría hacer suyo ese pedido de expulsión elevándolo al Plenario de la IV Convención para su ratificación.
 
El Comité Ejecutivo del PAP que presidía Ramiro Prialé se encontraba ese día reunido en sesión permanente y con carácter de emergencia examinando paso a paso la situación creada y, considerando que expulsar a más de una veintena de reconocidos dirigentes del partido -como lo había acordado la Comisión Política- se podría interpretar como que existía una grave crisis interna en el Apra,  prefirió seleccionar a los que consideraba cabecillas de los rebeldes para expulsarlos y al resto someterlos a procesos disciplinarios.
 
Por ese motivo, se recurrió al Consejo Nacional de Disciplina que presidía el aprista Alberto Porturas (miembro de una conocida familia terrateniente en Ancash, dueños de la hacienda Angasmarca) para que emitiera su fallo el mismo que decretó expulsar del partido aprista a sólo 8 de los firmantes: Luís de la Puente Uceda, Gonzalo Fernández Gasco, Manuel Pita Díaz, Carlos Malpica Silva Santisteban, Luís Olivera Balmaceda, Máximo Velezmoro, Edilberto Reynoso y Ezequiel Ramírez Novoa. Los demás firmantes de la moción quedamos sometidos a procesos disciplinarios.
 
El plenario de la IV Convención Nacional se reunió el mismo día 12 de octubre por la tarde y cuando llegó el momento de tratar el informe de la Comisión Política sobre las expulsiones de los rebeldes, solicitamos insistentemente la palabra para hacer nuestros descargos y sustentar la moción.
 
 El Presidente de la Convención, Ramiro Prialé, que dirigía los debates, no aceptó que se abriera el debate y llamó a que se efectuara la votación. En ese momento, cortada toda posibilidad de autodefensa dentro de un debido proceso, los rebeldes acordamos retirarnos del Plenario y la Convención, sin posiciones discrepantes, acordó las expulsiones y demás sanciones. La crisis partidaria se había consumado.
 
Ese mismo día en larga y emotiva reunión, realizada en las oficinas de nuestro compañero Luís Olivera, ubicadas en el jirón Ancash de Barrios Altos, los expulsados y disidentes con la presencia de Luís de la Puente acordamos constituir el Comité Aprista de Defensa de los Principios doctrinarios y de la Democracia Interna
 
Seis meses después, en mayo de 1960, se toma la denominación de Apra Rebelde y, en junio de 1962, al abandonar definitivamente los postulados apristas, y cuando se “adopta como teoría y como método el marxismo-leninismo” (Nuestra Posición) se asume el nombre de MIR, organización que en 1965 lanza la lucha armada para la instauración del socialismo.
 
Como actor privilegiado de esos hechos, he querido, en apretada síntesis, exponer algunos pocos detalles (faltan muchos) no muy conocidos o difundidos para que se conozca parte del origen histórico del MIR, organización surgida en la lucha política misma, bajo el liderazgo indiscutible de Luís de la Puente Uceda, acompañado de un puñado de revolucionarios que ya no están entre nosotros ya que entregaron sus vidas heroicamente en la lucha revolucionaria por la liberación de nuestra patria.
 
El MIR, como una organización de La Nueva Izquierda, en apenas seis años de actividad (oct. 1959 – oct. 1965), librando intensos combates ideológicos, políticos y militares, logró constituirse en uno de referentes históricos de la revolución peruana.

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Ruta de la Sabiduria... Ruta de la Salvación

1. Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible e invisible. 2. Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo de Dios, el único engendrado, nacido del Padre antes de los siglos, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, nacido, no creado, consustancial con el Padre, por quien fueron hechas todas las cosas. 3. Señor Jesucristo quien por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y fue encarnado por el Espíritu Santo y la Virgen María, y se hizo hombre. 4. Señor Jesucristo quien fue crucificado por nosotros bajo Poncio Pilato, y padeció y fue sepultado. 5. Señor Jesucristo quien resucitó al tercer día 6. Y subió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre. 7. Y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. 8. Creo y en el Espíritu Santo, el Señor de la Vida, quien es el Creador de la Vida y procede del Padre, a quien estamos adorando y glorificando con el Padre y el Hijo, y quien habló a las naciones mediante los profetas. 9. Y en la Iglesia, quien es el cuerpo y la novia de Jesucristo. 10. Reconozco un solo bautismo para el perdón de los pecados a través del agua y del Espíritu. 11. Estoy en espera de la resurrección de los muertos. 12. Y en la espera de la vida eterna del siglo que viene! Amén